2012. Evento calendárico y Oportunidad
El 21 de diciembre del presente año marca, según el calendario maya de cuenta larga, el tiempo que articula el final de la cuarta era e inicio de la nueva era solar. La fase que finaliza podría ser identificada, en la dinámica maya, como “era del maíz”, ya que ha sido en este período que el cultivo sacralidad del maíz viene a constituir un factor fundamental en la cosmovisión y vida de esta civilización mesoamericana. Es en esta cuarta fase en que surgen y se desarrollan las civilizaciones originarias de América, al igual que la maya; es el período civilizatorio, pero también de sometimiento a las culturas de Occidente y, en la actualidad, la globalización.
La proximidad de este evento calendárico nos insta a hacer una cuidadosa reflexión, con carácter de mirada al pasado de nuestro universo y de estos pueblos; un examen del presente que actualmente viven los pueblos indígenas y una proyección imaginaria de la nueva fase que estrenaremos. Los pensadores mayas y guías espirituales recomiendan asumir una actitud de búsqueda, fortaleza y paz interior, desautorizando imaginar acontecimientos fatalistas o finalistas. Es una fecha de gran transcendencia que entraña una serena responsabilidad.
Los pueblos originarios de América nacieron y se conformaron en la era que termina; algunos de ellos llegaron a establecer logros organizativos, científicos y políticos que hoy son reconocidos como conquistas de gran mérito, a pesar de las limitaciones y carencias con que se vivía. Es cierto que cada civilización originaria tuvo su propio itinerario, pero sufrieron como denominador común una dominación y conquista europea que afectó substancialmente los logros alcanzados y colocó a los pueblos en una situación de postración y marginalidad. Sin embargo, esa fase oscura del sometimiento no apagó ni anuló su capacidad de sobrevivencia; quinientos años de historia de dominación reveló la energía del testimonio para sobrevivir. Occidente y, en el presente, la política y cultura global no puede pasar inadvertida ante estos hechos del pasado. Hace veinte años, con ocasión de 1992, se abrió un gran debate y espacio crítico en torno a la invasión /conquista /dominación de estos pueblos. Ante el próximo 21 de diciembre estamos comprometidos a hacer un objetivo y realista examen de principios, actitudes y prácticas en torno a la relación entre los pueblos.
Los pueblos indígenas de América viven hoy una fase de renacimiento de su condición cultural propia, con sus derechos, brindando propuestas y ofertas a nuestro mundo global y exigiendo su participación en la construcción socio-política, el desarrollo científico y la necesaria humanización de la convivencia. Han dejado de ser actores mudos, sin voz, representados o acallados, para ir avanzando paulatinamente en su naturaleza social de sujetos y externando su manera propia de plantear la vida y sociedad. Quienes vivimos junto a esos pueblos reconocemos su calidad, valores, principios y actitudes, junto a su testimonio discreto pero firme de vida humana. Reconocemos que muchas de esas actitudes y formas de relación y convivencia son propuestas válidas y apropiadas en la construcción de una nueva sociedad. Si en 1993 la ONU declaró el “Decenio de los Pueblos Indígenas”, en el presente debiera proclamarse 2012 como una oportunidad para las naciones de escuchar la palabra y el proyecto de vida de los pueblos indígenas, imbricados, como todos, en el marasmo global. También estos pueblos, junto a su resurgimiento, sufren una nueva influencia desde la cultura global, que introduce fuertes cambios y transformaciones en los actores y en los colectivos sociales.
¿Qué itinerario se proyecta para los pueblos originarios en la nueva era que se aproxima? ¿Hacia dónde se perfila el diseño de la identidad maya… asumiendo la participación en el cambio global? ¿Qué palabra, lugar y aporte podrán dar estos pueblos? ¿Serán capaces de ser influyentes en la configuración de los modelos sociales? Son algunas de muchas preguntas que nos podemos hacer, como horizonte posterior al evento calendárico. Algunos pensadores mayas imaginan el nuevo período como “Era del Mayab”, proponiendo el mayor protagonismo y contribución de estos pueblos que también algún sector identifica como “naciones”. Se ha opinado que, en las últimas décadas, el maíz, como cultivo indígena, está perdiendo vigencia por múltiples razones, dando paso a otras formas de sustentación. Quizá podamos pensarlo como finalización de la “era del maíz” -no como factor simbólico maya, que permanecerá-. Quizá los mayas aporten al mundo desde otros elementos propios, desde su perspectiva y proyecto de “Buen Vivir” que articula a los seres humanos con la naturaleza de equilibrio y reciprocidad; quizás propongan proyectos de moderación en la vida humana, coexistencia social con mayor grado de respeto a la vida de los diferentes e inclusivos sujetos que integran el universo ; quizás invitan a pronunciar una palabra, acrisolada en la escucha, observación y reconocimiento de la verdad de los otros, de la voz del cosmos y la Madre Tierra.
2012 es, en fin, un año propicio para evaluar nuestros procesos personales y de mundo. El próximo 21 de diciembre no puede ser un día más sino un estímulo, finamente prefijado por la sabiduría ancestral maya, para hacer un alto en el camino y otorgarnos una oportunidad de compartir sobre los pueblos indígenas.
Ak’ Kutan,
enero 2012