Ante las víctimas

Ante las víctimas, romper el silencio
Tomado de textos ak’ kutan n. 35: El clamor de las víctimas

“Hablo para taparle la boca al silencio”
Humberto Ak’abal.

“Romper el silencio”, es la primera propuesta, según los entendidos, ante la violencia sexual. “La visibilidad de las víctimas supone para todos un salto cualitativo en la comprensión y articulación de la democracia”, escribe Reyes Mate, destacado representante hoy día, en el primer mundo, de la ética compasiva.

¿Hace falta hacer memoria? Últimamente hemos gastado mucho tiempo y hemos hecho muy malas relaciones en esta discusión. La presión ejercida por quienes piensan que es dividir y odiar, atenaza y acobarda a los que piensan que hay que hacer memoria para que no se repita. Es notoria la timidez con que se habla en Guatemala de “los años de la enfermedad” o de asesinados como el obispo Juan Gerardi. ¡Claro que hay que hablar de las víctimas! De las víctimas que nosotros mismos producimos como sociedad organizada. Hay que hacerlas presentes. Quizás para quien sabe ver la vida, no hiciera falta. Pero como es claro que no sabemos, hay que identificarlas.

 

Dos errores solemos cometer en esta nuestra sociedad de desiguales y fragmentada. El primero consiste en no ver a las víctimas. Incluso este no ver tiene matices y variantes.
  • Hay personas que están en esta vida como en un paraíso, cerrado en sí mismo, sin mirar por la ventana, “buena gente” que vive en el limbo. –En el obispado de Santa Cruz de Quiche se puede ver un mural de la pintora guatemalteca Rosa María de Gámez en memoria de los asesinados durante el conflicto armado en los años ochenta en Guatemala. En él los altos edificios de la ciudad no tienen ventanas hacia la población rural-.

 

  • Otros grupos sí ven, pero ignoran. No se habla, no se escribe, no aparecen imágenes, los gobiernos las suelen esconder para que no las vean los turistas; alguien ha dicho que hemos fabricado una “cultura de indiferencia” ante el sufrimiento.
  • Otro modo es interpretarlas: “Queremos que el mundo sepa que no somos guerrilleros, que nuestros familiares fueron asesinados, pero no por ser ladrones ni por ser malos, ellos eran gente honrada y dedicada a su trabajo” . Me parece un acierto ese anuncio televisivo del niño de la calle que limpia el parabrisas de los automóviles, mientras cambia el semáforo, sin que se lo pidan. “Lo hace para que le veas”, dice el anuncio.

 

El segundo error es pensar que las víctimas las producen otros, “los malos”. Todos producimos víctimas, a veces directamente, otras porque somos parte del ambiente, de la estructura, de la filosofía que manejamos como sociedad. “En tiempo de guerra todos somos víctimas y verdugos”. “Veo mucha gente buena volverse monstruos en dos meses”, confesaba un soldado francés en Argelia. ¡Y quién duda que estamos en guerra! En guerra contra la naturaleza, no nos sentimos parte de ella y la explotamos; en guerra con la otra clase social, es gracias a ella que nosotros prosperamos; en guerra con las otras culturas, nos sentimos superiores y discriminamos; con los otros países y estados, nuestras relaciones son de poder y explotación; en guerra con las otras identidades, con las otras religiones… y aunque pensemos que las víctimas las producen los otros, como decía la maravillosa judía Etty Hillesum de los alemanes en pleno exterminio: “al fin y al cabo proceden de nosotros, de los seres humanos” .

Urge romper el silencio. Hablar. Analizar. Hacer visible. Hacer conciencia de que la vida humana, la organización social, el progreso, el desarrollo, la convivencia crea más conflictos y produce más víctimas de los que quisiéramos aceptar. Que cuando tomamos una decisión, una postura, una acción casi siempre alguien sale lastimado, perjudicado, empobrecido o humillado. La cultura maya tiene clara conciencia de ello, es por eso que manda pedir permiso y perdón antes de hacer algo, aunque ese algo sea necesario para nuestras vidas.

Alfonso Huet: Nos salvó la sagrada selvaLa memoria de veinte comunidades q’eqchi’es que sobrevivieron al genocidio. ADICI Cobán 2008, transcribe varias quejas como ésta de D. Antonio y otros que tuvieron que esconderse en la montaña para salvar su vida.

Etty Hillesum: Las páginas más bellas de. Monte Carmelo 2007 p. 101