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Ante las víctimas, romper el silencio
Tomado de textos ak’ kutan n. 35: El clamor de las víctimas
“Hablo para taparle la boca al silencio”
Humberto Ak’abal.
“Romper el silencio”, es la primera propuesta, según los entendidos, ante la violencia sexual. “La visibilidad de las víctimas supone para todos un salto cualitativo en la comprensión y articulación de la democracia”, escribe Reyes Mate, destacado representante hoy día, en el primer mundo, de la ética compasiva.
¿Hace falta hacer memoria? Últimamente hemos gastado mucho tiempo y hemos hecho muy malas relaciones en esta discusión. La presión ejercida por quienes piensan que es dividir y odiar, atenaza y acobarda a los que piensan que hay que hacer memoria para que no se repita. Es notoria la timidez con que se habla en Guatemala de “los años de la enfermedad” o de asesinados como el obispo Juan Gerardi. ¡Claro que hay que hablar de las víctimas! De las víctimas que nosotros mismos producimos como sociedad organizada. Hay que hacerlas presentes. Quizás para quien sabe ver la vida, no hiciera falta. Pero como es claro que no sabemos, hay que identificarlas.
El segundo error es pensar que las víctimas las producen otros, “los malos”. Todos producimos víctimas, a veces directamente, otras porque somos parte del ambiente, de la estructura, de la filosofía que manejamos como sociedad. “En tiempo de guerra todos somos víctimas y verdugos”. “Veo mucha gente buena volverse monstruos en dos meses”, confesaba un soldado francés en Argelia. ¡Y quién duda que estamos en guerra! En guerra contra la naturaleza, no nos sentimos parte de ella y la explotamos; en guerra con la otra clase social, es gracias a ella que nosotros prosperamos; en guerra con las otras culturas, nos sentimos superiores y discriminamos; con los otros países y estados, nuestras relaciones son de poder y explotación; en guerra con las otras identidades, con las otras religiones… y aunque pensemos que las víctimas las producen los otros, como decía la maravillosa judía Etty Hillesum de los alemanes en pleno exterminio: “al fin y al cabo proceden de nosotros, de los seres humanos” .
Urge romper el silencio. Hablar. Analizar. Hacer visible. Hacer conciencia de que la vida humana, la organización social, el progreso, el desarrollo, la convivencia crea más conflictos y produce más víctimas de los que quisiéramos aceptar. Que cuando tomamos una decisión, una postura, una acción casi siempre alguien sale lastimado, perjudicado, empobrecido o humillado. La cultura maya tiene clara conciencia de ello, es por eso que manda pedir permiso y perdón antes de hacer algo, aunque ese algo sea necesario para nuestras vidas.