El compartir

En estos tiempos de globalización encontramos a nuestro alrededor comportamientos muy diferentes:

- Muchas personas se hacen “individualistas” y egoístas y ya no están dispuestas a la ayuda mutua, a la solidaridad, al compartir. Se estiman los intereses personales e individuales y no hay disposición a la reciprocidad. - Pero encontramos también personas generosas, que dan su tiempo y capacidades al servicio de los demás. A veces eso les exige sacrificios y mucho esfuerzo, pero tienen fuerza en su corazón para entregar lo mejor de sí mismos, para que los demás estén alegres y sientan un poco de felicidad. Hay “voluntarios” que se ponen al servicio de los más necesitados y pobres.

Los ancianos de las comunidades sienten que se están debilitando los vínculos de la solidaridad y de la ayuda mutua. No siempre se encuentran personas dispuestas a servir a la comunidad. Pareciera que el “espíritu y voluntad de ayuda a la comunidad” tiene muchos obstáculos. La pobreza, las necesidades, pero también el egoísmo, nos han movido a ser menos sensibles y generosos con los demás.

Sin embargo, todavía está vivo en el corazón quekchí el valor del COMPARTIR, la SOLIDARIDAD, AYUDA MUTUA y RECIPROCIDAD.

La palabra Wotzok manifiesta la cooperación, hacer juntos la vida, el trabajo; compartir nuestras palabras. Como se dice en el Poop Hu: “juntaron sus pensamientos”. Compartir es un bien para la persona y para la comunidad.

Según los ancianos quekchíes “El compartir sirve mucho en la familia, se debe enseñar a compartir porque trae bienestar y alegría. Se comparten los trabajos y la comida. Si no damos, no estamos compartiendo. Debemos compartir conocimientos, también en el mayejak, con los enfermos”. Es bueno compartir porque es una manera de dar sin esperar nada a cambio, es muestra de unidad y comunidad. Por ejemplo, cuando realizamos alguna actividad se traen víveres para compartir en comunidad. Anteriormente se acostumbraba prestarse cosas o víveres entre las personas; por ejemplo, cuando alguien tenía necesidad pedía al vecino que le prestara maíz, frijol, café, etc. todo esto significa hacer un favor.

La práctica de este valor se adquiere con los padres y ancianos; como cuando se participa en el mayejak. Es importante tomar en cuenta los distintos valores que nuestros padres nos enseñaron. El ayudarnos mutuamente sin distinción de grupos o personas. La práctica de los valores da alegría a la comunidad y también a Dios. Los valores son como la raíz de la vida de nosotros los ancianos. Los valores se practican en las cofradías, cuando se construye una casa, durante las siembras y cosechas, también en las dificultades y sufrimientos y, en especial, en la familia. Los que no participan no son capaces de compartir; es decir, que se necesita de la participación de todos para que haya solidaridad.

En el momento de hacer un favor o ayudar a alguien se está compartiendo, la ayuda mutua es importante porque no solo se debe recibir sino también hay que dar y de esa forma estaremos practicando a cabalidad el valor del compartir. El compartir y el hacer favor son valores importantes en nuestra vida.

Hacer favor significa regalar, dar sin esperar nada a cambio. Compartir es ayudar, participar, repartir. Dos valores diferentes pero tienen la misma importancia y la misma dirección.

El valor del compartir tiene su comienzo en la palabra y la vida de los antepasados, en nuestra condición de ser “hijos de la tierra”, de recibir la misma dignidad. Todos somos personas necesitadas, por eso tenemos que caminar en cooperación, solidaridad y ayuda mutua. Necesitamos del trabajo, del pensamiento, de la palabra de cada uno para levantar la comunidad. Por eso el compartir es una exigencia permanente. La condición humana es “social”; es decir, vivir en unión con otros y ayudarnos mutuamente.

Las maneras de compartir en la vida quekchí son muchas. Recordamos el compartir en el mayejak, en la fiesta del matrimonio, en la siembra. Unimos nuestros pensamientos y palabras en las reuniones comunitarias, en la celebración y en tantas ocasiones. En otros pueblos indígenas el valor del compartir es un bien y una exigencia, por eso se comparte el trabajo, la palabra, la fiesta, se ayuda a los necesitados, se hacen trabajos comunes donde miramos valores, unidos al compartir, como solidaridad, reciprocidad (dar y recibir), ayuda mutua, cooperación, amor y compasión a los más pobres. Aunque se le llame con otras palabras, tiene el mismo sentido: la ayuda mutua, como una actitud y práctica permanente.

¿Cómo cuidar que el compartir no se debilite en un tiempo de cambios como el que vivimos? Los ancianos se lamentan por esta pérdida y debilitamiento del compartir: “En estos tiempos los hijos ya no tienen mucho conocimiento sobre el compartir. Ya no se da mucha importancia a la cultura en las familias porque los padres de familia ya no orientan o platican sobre este valor, y por esa razón se ha ido perdiendo. La educación sistemática ha vuelto a los jóvenes egoístas y encerrados en su propio mundo, por eso han perdido el valor de la cultura y el del compartir, ya no hay diálogo entre las personas. Es necesario que en la actualidad los padres de familia retomen el diálogo con los hijos para hacerles conciencia sobre el valor del compartir”.

Muchas personas están cambiando su corazón, volviéndose egoístas e individualistas y eso está debilitando el valor del compartir. Es necesario que las personas busquen mejor estudio, casa, bienestar, nivel de vida..., pero sin olvidar que nos necesitamos todos y que no pueden ir un grupo adelante y otros viviendo en la pobreza y necesidad. No olvidemos las palabras de los antepasados “que todos se levanten; que no haya ni uno, ni dos, que se queden atrás”.

Tenemos que analizar bien las raíces del debilitamiento en el valor del compartir. ¿Cuáles son las causas de esta pérdida del valor? ¿Por qué las personas, los jóvenes se vuelven egoístas o individualistas? ¿Qué podríamos hacer para mantener los valores de la solidaridad, ayuda mutua y cooperación?

En el Poop Hu vemos cómo los cuatrocientos muchachos juntaron su esfuerzo para construir una casa comunal con el trabajo coordinado de los cuatro mensajeros... que llevaron la palabra de la abuela Ixmucane a los jóvenes Hun Ajpu y Xb’alanke.