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Primeros pasos de la Evangelización en Verapaz

F. B. Las Casas

Bartolomé de Las Casas quiso poner en práctica su proyecto de evangelización pacífica en otras partes de América, pero la oposición de algunos gobernadores y conquistadores españoles se lo impidió. Cuando del Obispo de Guatemala, Francisco Marroquín, le invitó a venir a Guatemala, quiso poner en práctica de nuevo su proyecto aquí, con ayuda de otros padres dominicos y con el apoyo del Obispo.

El contrato.

Pero antes, para evitar otro fracaso, hizo un contrato con el gobernador. Como el mero gobernador, Pedro de Alvarado, estaba fuera del país, el contrato lo hizo con su sustituto temporal, Alonso de Maldonado. Quizá esto fue una ventaja para Las Casas, porque Alvarado era un militar acostumbrado a acciones de guerra y conquista, mientras que Maldonado era un licenciado, hombre de leyes, más dispuesto a negociar y respetar la ley. El contrato firmado entre Las Casas y Maldonado fijaba los siguientes puntos:

Los misioneros dominicos se comprometen a evangelizar y pacificar a los indígenas, y a hacerlos súbditos del Rey de España estableciendo unos tributos moderados.

El gobernador se compromete a evitar que los conquistadores españoles entren en el territorio y hagan la guerra a los indígenas impidiendo la evangelización. También se compromete a no dar a los españoles la "encomienda" de ningún territorio ni persona indígena, sino a ponerlos directamente bajo la autoridad del Rey, para evitar el abuso de los encomenderos.

El contrato dura cinco años a partir del momento en que los dominicos entren en la región. No cuenta el tiempo anterior necesario para preparar la misión.

Este contrato era importante para la evangelización de Verapaz por las siguientes razones:

- Prohibía la entrada de los conquistadores que con sus abusos, maltratos y robos hacían que los indígenas desconfiasen y huyesen de todos los españoles, incluidos los religiosos.

- Ponía a los indígenas directamente bajo la autoridad del Rey de España, evitando así que fuesen sometidos y esclavizados por los encomenderos.

- Los cinco años de prohibición de entrada a los soldados españoles empezaban a contar cuando los frailes entrasen en la región, no antes. Así los dominicos tendrían tiempo de prepararse.

El territorio.

El contrato no aclara bien los límites de esa región, pero era más o menos lo que hoy es Alta y Baja Verapaz y una parte del Petén hasta la región de los lacandones, en México. Al sur estaba el río Motagua, y al noroeste el río Usumacinta. Bartolomé de Las Casas escogió este región porque era la única que quedaba sin conquistar en Guatemala y los militares españoles habían tenido muy poca presencia en ella. Por tanto, Bartolomé pensaba que sus habitantes no rechazarían una evangelización pacífica, respetuosa de las personas, sus tierras, sus bienes y su cultura.

Contactos y preparativos previos en Guatemala

Los dominicos se tomaron un tiempo antes de entrar en Tezulutlán para hacer contacto con algunas autoridades indígenas de alrededor que les ayudarían en la evangelización. Visitaron a Don Jorge, cacique de Tecpán/Atitlán; Don Miguel, cacique de Chichicastenango; Don Juan, cacique de Atitlán; Don Gaspar, cacique de Rabinal y otros. Los dominicos enviaban regalos a estas autoridades indígenas en señal de que iban con intenciones pacíficas, y les prometieron que los conquistadores no les molestarían, según el contrato firmado por los dominicos y el gobernador español Alonso de Maldonado. Algunos caciques enviaron mensajeros a Bartolomé de Las Casas diciéndole que querían escuchar las cosas de la fe y ser súbditos del Rey, pero a condición de que no entrasen los españoles en su tierra a hacer los daños, robos y maldades que habían hecho en otras partes.

El P. Pedro de Angulo, que acompañó a Bartolomé de Las Casas en la evangelización pacífica, y que después fue Obispo de Verapaz, pidió al Rey de España que premiase a estos caciques por el apoyo que daban a la evangelización. El Rey les concedió un título honorífico ("privilegio de hidalguía"), con lo cual les pone bajo la protección del Rey, para que no les molesten los conquistadores españoles, y les permite usar, a los caciques y a sus descendientes, un escudo con sus propios signos de autoridad y nobleza.

Contactos y preparativos previos en México

Estas conversaciones y trabajos previos a la entrada en Tezulutlán se suspendieron por un tiempo, debido a que Las Casas tuvo que hacer un viaje a México para asistir a una reunión de dominicos. Las Casas aprovechó el viaje para entrevistarse con caciques indígenas, pasó por Oaxaca y llegó a Tlaxcala, en México. También aprovechó su estancia en México para pedir al superior de los dominicos que enviase más religiosos a Tezulutlán, para que las autoridades españolas en México apoyasen el contrato de evangelización pacífica firmado con el Gobernador de Guatemala (Maldonado), y para pedir permiso a su Superior para viajar a España, para informar al Rey, conseguir su apoyo para la evangelización pacífica y pedir más religiosos para Tezulutlán.

Contactos y preparativos previos en España

A España se fue llevando cartas de apoyo del gobernador de Guatemala (Pedro de Alvarado), del licenciado Alonso de Maldonado, del Obispo de Guatemala (Francisco Marroquín), del Obispo de México (Juan de Zumárraga), de la municipalidad de Santiago de los Caballeros (en Guatemala) y de la Municipalidad de Trujillo (en Honduras).

En España consiguió once cartas o documentos de las autoridades (cédulas reales) referentes a la evangelización pacífica de Tezulutlán. Las cartas las trajo desde España Fray Luis de Cáncer, y en México se las entregó a Fray Pedro de Angulo para que las trajese a Guatemala. Varias de estas cartas llevan la fecha de 17 de octubre de 1540.

Algunas de ellas van dirigidas a los Gobernadores de Guatemala, Chiapas y Honduras recordándoles que durante cinco años ningún español debe entrar a Tezulutlán a hacer la guerra, asaltar, escandalizar ni molestar a los indígenas, ni con la disculpa de que van a comerciar ni ninguna otra. Y al que no lo cumpla deben castigarle con el destierro perpetuo. Otras cartas van dirigidas a los caciques indígenas, agradeciéndoles su ayuda, animándoles a continuar y prometiéndoles recompensas.

Otras cartas van dirigidas a los Padres Franciscanos de México, para que concedan a los dominicos llevar a Tezulutlán a unos indígenas tlaxcaltecas de México, que son músicos, para que les ayuden en la evangelización con la música y los cantos. Cuando Bartolomé de Las Casas estuvo en México en la reunión de dominicos escuchó a estos músicos talxcaltecas cantar y tocar en una celebración, y ahí pensó traerlos a Tezulutlán para ayudar en la evangelización. El Obispo de México, Juan de Zumárraga, decía en una carta al Rey que los indígenas "son muy dados a la música, que se convierten más por la música que por la predicación, y que vienen desde aldeas muy lejanas para escuchar los cantos y tratar de aprenderlos". (A este respecto Monseñor Gerardo Flores en nuestros días destacó en su primera carta pastoral como Obispo de Verapaz que "¡Fueron laicos e indígenas los primeros instrumentos de Dios para esparcir en nuestra tierra la semilla de la fe!" (Mons. Gerardo Flores, Primera Carta Pastoral , Cobán, 14 de enero de 1985, 1.1.3.) Una carta más va dirigida a los Gobernadores para que no impidan el paso a los músicos indígenas que deseen in a Tezulutlán.

Otra carta va dirigida a Fray Pedro de Angulo, que había quedado en Tezulutlán al frente de la misión mientras Las Casas viajaba a México y España. Le anima a seguir con el trabajo y le avisa que Las Casas tardará todavía un tiempo en regresar, mientras hace sus gestiones en España. Hay otra carta para el Provincial (Superior) de los dominicos en España pidiéndole que envíe misioneros a Guatemala.

Cuando Las Casa regresa de España a América en julio de 1544 puede sentirse satisfecho, pues ha conseguido no sólo un buen grupo de religiosos para Guatemala (unos 40, entre sacerdotes, diáconos y hermanos legos), sino varias cartas, decretos y leyes que ponían límites a los abusos de los españoles y apoyaban el proyecto de evangelización pacífica.

De todos modos, Las Casas, siempre exigente y luchador, los consideraba insuficientes y, además, los españoles en América con frecuencia desobedecían esas leyes. No le faltaba razón, por lo que veremos a continuación.

La oposición de los conquistadores españoles

Con los contactos previos a la evangelización, las entrevistas con los caciques, los viajes a México y España, conseguir las cartas y documentos, etc. pasaron varios años desde que se firmó aquel contrato entre Las Casas y Maldonado hasta que los dominicos entraron en Tezulutlán. Los indígenas de Tezulutlán no confiaban plenamente en las promesas de los religiosos, pues veían y oían el modo de actuar poco correcto de los colonizadores y conquistadores españoles en otras provincias y en la suya. Incluso Alonso de Maldonado, que había firmado el contrato con Bartolomé de Las Casas, y otro jefe militar llamado Montejo, organizaron una expedición militar contra los lacandones. La expedición pasó por Tezulutlán, y los habitantes de estas tierras desconfiaban de la evangelización pacífica al ver a los soldados. Bartolomé tuvo que escribir una carta de protesta por esta acción.

Cuando Pedro de Angulo venía de México a Guatemala con las cartas que llegaron de España, le salieron al encuentro dos caciques o principales acompañados de varios indígenas y entraron juntos en la ciudad de Guatemala los religiosos y los indígenas. Cuando los Gobernadores de Guatemala recibieron las cartas traídas desde España, cada uno opinaba de diferente manera. Convocaron a los vecinos, les leyeron las cartas, y éstos reaccionaron en contra y hubo un gran alboroto. Las cartas que más molestaron a los españoles eran la que les prohibía entrar en Tezulutlán y la que daba los privilegios y honores a los caciques.

Un teniente del Gobernador de Guatemala no quiso ni recibir las cartas y le dijo Fray Pedro de Angulo que mejor se las diese al Cabildo de la Municipalidad. En el libro de Actas de la Corporación consta el 9 de junio de 1544 que el Alcalde avisa que ninguna persona estorbe ni ponga impedimento a Fray Pedro de Angulo en la pacificación y conversión de Tezulutlán y Lacandón , porque es una orden del Rey, y sigue diciendo el Acta que algunos españoles de la ciudad se alborotaron y alteraron porque Fray Angulo había traído a la ciudad a ciertos caciques indígenas, y dijeron que mejor era dominarlos por las armas que evangelizarlos pacíficamente. Decían que los frailes no podían conquistar Tezulutlán sin armas, que eso era una burla.

El historiador Francisco Ximénez cuenta que algunos gobernadores españoles agarraron las cartas y las guardaron en un archivo, para que no se divulgasen, porque veían que se les escapaban de las manos todos los pueblos y caciques de Verapaz. Tuvo que intervenir el Obispo Marroquín para llamarlos al orden y al respeto.

Aun así, prepararon una acusación contra los religiosos, y el 16 de agosto hubo un juicio y un interrogatorio con diez preguntas contra los frailes. Ahí les acusaban de abusar de la sencillez de los indios, de vivir a costa de ellos cuando andaban en las misiones, de infundirles ideas subversivas contra las autoridades españolas, de que ni Las Casas ni sus compañeros habían entrado en Tezulutlán, de que los caciques indígenas premiados por el rey eran gente vil y baja, que se sentaban y dormían en el suelo, etc. Cuando le dijeron al P. Angulo que respondiese a aquellas acusaciones, se limitó a decir que informaría al Rey de todo ello, y siguió con su misión, a pesar de los obstáculos y de la oposición que le hacían.

Efectivamente, en una carta escrita al Rey en 1544, el P. Angulo le cuenta cómo las cédulas reales llegaron en buen momento, pues mientras dos religiosos ya habían entrado en Tezulutlán, el español Montejo había organizado una expedición militar, lo que había provocado temor y desconfianza en los indígenas, y le informa de la oposición de los españoles a recibir y obedecer las órdenes del Rey. En la misma carta le dice el P. Angulo al Rey: "y saqué en tres lenguas de esta tierra las órdenes tan necesarias que usted envió... y llamé a los caciques que pude de esta tierra y otros indígenas, a los que llaman esclavos, pero que no lo son en verdad, e hice leer estas informaciones en sus propias lenguas, delante de las autoridades españolas"...

Así pues, la evangelización pacífica de Tezulutlán estuvo precedida de cuidadosos preparativos y complicados obstáculos, aunque ninguno de ellos desanimó a aquellos religiosos del siglo XVI en su proyecto de evangelización pacífica.

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