La Verapaz en los siglos XIX y XX

<--Ir atras

Con la Independencia de Guatemala en 1821, toda la Verapaz se liberó de la jurisdicción de España y del Alcalde Mayor de Cobán. Verapaz era una región que, tanto en lo religioso como en lo político, dependía del "centro": la arquidiócesis y la capital. En ese sentido son pocos los hechos específicos y propios de Verapaz que conocemos. Podríamos decir que durante los siglos XIX y XX la historia de Verapaz estuvo unida a la Guatemala, en lo bueno y en lo malo. O también podríamos decir que estuvo "desunida" de la historia del país, en el sentido de que los acontecimientos y decisiones importantes ocurrían o se tomaban en la capital, con poca influencia en Verapaz u otros departamentos. 

Un ejemplo de esto es el decreto del Congreso de Guatemala, firmado en Antigua el 29 de octubre de 1824. Considerando que debe haber un solo idioma nacional, y que los idiomas indígenas son pocos, imperfectos y diferentes entre sí, además de ser una dificultad para la civilización, el Congreso decreta: 

Los párrocos, de acuerdo con las municipalidades de los pueblos, procurarán extinguir los idiomas indígenas con prudencia y eficacia. 
A los párrocos que hagan todo lo posible en esta labor y tengan éxito se les tendrá en cuenta como mérito para darles parroquia. 

De ésta, como de otras decisiones del gobierno de Guatemala durante el siglo XIX y principios del XX, lo menos que podemos decir es que se tomaron sin tener en cuenta los intereses de Verapaz, aunque los efectos fueron escasos o nulos. Al menos en el caso de los idiomas mayas, no sólo no se han extinguido, sino que se han fortalecido. 

De entre los hechos que más marcaron la historia de Verapaz en el siglo XIX y principios del XX destacamos la supresión de las Órdenes religiosas y expulsión de sus miembros, y la llegada de los alemanes con las fincas de café, aunque no sean hechos exclusivos de Verapaz 

Supresión de las Órdenes religiosas y expulsión de los religiosos. 

A los pocos años de la Independencia, en las naciones centroamericanas luchaban por el poder dos grupos políticos: conservadores y liberales. Los liberales pensaban que la iglesia era un obstáculo para el progreso de los pueblos, y que las posesiones y la influencia de la Iglesia en la sociedad dificultaba a los políticos liberales ejercer su poder y gobierno. Por eso, el General Francisco Morazán, jefe de la Federación de Estados Centroamericanos, emitió en 1829 una ley, aceptada por el Gobierno de Guatemala, que suprimía las Órdenes religiosas (excepto los Bethlemitas), expulsaba del territorio a sus miembros y confiscaba sus bienes y propiedades. Los sacerdotes que quisiesen seguir viviendo en el país debían pasar a ser sacerdotes seculares o diocesanos al servicio de las parroquias. Algunos autores hablan de que salieron del país 289 religiosos, y otros dicen que 176. Quizá la diferencia se debe a que algunos religiosos pasaron al clero secular. 

Los motivos de la expulsión eran más políticos y económicos que religiosos. Políticos: para evitar que las Órdenes religiosas conservaran el poder e influencia en el pueblo. Económico: apoderarse de los bienes que poseían los Órdenes religiosas, dado que los fondos del Gobierno eran escasos y se gastaban mucho en guerras y divisiones en Centroamérica. 

Entre los expulsados estuvo el arzobispo de Guatemala, Fray Ramón Casaus y Torres, bajo cuya jurisdicción estaba el territorio de Verapaz. A media noche lo sacaron de su casa y, junto con otros religiosos, lo llevaron al puerto de Omoa, en Honduras, desde donde salió para La Habana (Cuba). 

De los dominicos que trabajaban en las parroquias de Verapaz, unos salieron del país y otros permanecieron como sacerdotes seculares al frente de sus parroquias. Los religiosos que en 1829 estaban en las parroquias de Verapaz son los siguientes: Domingo Taracena, en san Miguel Chicaj; Francisco Abella, en Rabinal: Jerónimo Zelaya, en Cubulco; Cleto Salvatierra, en Salamá; Juan J. Echevarría, en Tactic; Ignacio Méndez, en Carchá; Manuel Palma, en Lanquín; Jacinto Cabezas, en Cahabón; Florencio Arriaza, en San Cristóbal; Mariano Salvatierra, en Cobán; Andrés Pintelos, en la hacienda de San Jerónimo; y Antonio López, en El Chol. 

Fray Ignacio Méndez, era párroco de San Pedro Carchá y tuvo que salir huyendo por las montañas de Cahabón y las llanuras del Petén y Yucatán hasta que llegó a Chiapas (México). 

La vuelta de los desterrados. 

En 1839, diez años después de la expulsión, un nuevo Gobierno en Guatemala declara nulo aquel decreto y permite el regreso de los que salieron. Fray Ignacio Méndez regresó, pero no a Carchá, sino a la parroquia de Santo Domingo que los dominicos tenían en la ciudad de Guatemala. 

Segunda expulsión. 

En 1872, el Presidente Justo Rufino Barrios publicó un decreto por el que de nuevo quedaban extinguidas las Órdenes religiosas en el país, y sus bienes pasaban a propiedad de la nación. Los edificios y terrenos que tenían las Órdenes religiosas pasaron a ser academias militares, cuarteles de policía, oficinas del Gobierno (correos, telégrafos, aduana), mercados, escuela de artes y oficios, escuelas públicas, reformatorio de niñas, viviendas vendidas a personas particulares, etc. En la iglesia de Santo Domingo que tenían los dominicos en la capital se instaló el depósito de licores del gobierno, y el olor a licor salía por todas las paredes del templo. Muchos libros que tenían los conventos pasaron a la Biblioteca Nacional o a la Universidad San Carlos. En cuanto a los religiosos, unos salieron del país, otros quedaron como párrocos y otros se refugiaron en casas de familias particulares. 

Entre estos estaba Fray Julián Raymundo Riveiro Jacinto, que había nacido en Cobán en 1854 y tomó el hábito en el convento de los dominicos de la capital en 1870. Fue párroco de esa iglesia durante 37 años, hasta que fue nombrado arzobispo en 1914. Siendo arzobispo hizo visita pastoral a su arquidiócesis, incluida la Verapaz, donde tuvo que legalizar muchos matrimonios que, por falta de sacerdote, no habían podido recibir el sacramento. 
En 1920 presentó su renuncia al arzobispado, y a principios de 1921 estaba de misión por los pueblos del valle del Polochic y por Tactic. Vivió un tiempo en Tactic y Cobán. Murió en el convento de dominicos de Nueva Orleans (Estados Unidos) el 8 de mayo de 1931. Su cadáver fue traído a Guatemala y sus restos reposan en la iglesia de Santo Domingo, en la capital, donde fue párroco tantos años. 

Con la expulsión de los religiosos, muchas parroquias quedaron abandonadas, tanto en Verapaz como en el resto del país. Las cofradías cumplieron entonces un papel importantísimo, manteniendo viva la llama de la fe y manteniendo unidas a las comunidades. También las rezadoras tuvieron un papel eficaz enseñando la doctrina a los niños y reuniendo a las familias para los rezos. 

La llegada de los protestantes. 

En Guatemala vivía un matrimonio protestante, de la iglesia presbiteriana, amigos del Presidente Justo Rufino Barrios y su esposa. Por influencia de este matrimonio, el Presidente se trajo de Estados Unidos al pastor Juan Hill. A la iglesia presbiteriana le siguieron otras como la Misión Centroamericana y los Adventistas. En 1901 llegan a Guatemala Juan Butler y su esposa, de la Misión Pentecostal. En 1915, la obra de esta misión fue asumida por la Iglesia del Nazareno, que se extendió por Alta y Baja Verapaz y Petén, teniendo a Cobán como centro. 

Los alemanes en Verapaz. 

En Alta Verapaz, junto a apellidos q'eqchi'es y poqomchíes como Caal, Cuc, Pop, Tul, Asig, se escuchan otros como Winter, Heinemann, von Quednow, Dieseldorff o Sapper. ¿Cómo llegaron a Verapaz? 

Cuando Centroamérica de independizó de España, sus países quisieron abrirse a otros países e ideas para disminuir la influencia española, así como establecer nuevos trabajos, cultivos, minas, vías de comunicación y relaciones comerciales para desarrollarse y para mejorar la economía. En 1834 la Asamblea Legislativa promulgó una ley que promovía la colonización de Verapaz, y para ello concedía tierras, permitía explotar maderas finas, navegar ríos y lagos, explotación de minas, exención de impuestos, libre importación y exportación de productos, etc. 

En materia religiosa, la ley era tolerante, para atraer a extranjeros del norte de Europa. Otra intención de Guatemala era construir un puerto de mar en el Atlántico para contrarrestar la influencia y la presencia de Inglaterra en Belice. 

Cómo conseguir mano de obra para trabajar en las fincas. 

El trabajo en las fincas requería abundante mano de obra indígena, y éstos necesitaban tierra para sembrar maíz y tener leña. Los alemanes necesitaban también tierra para pasto y forraje de sus animales de tiro y carga. Por todo ello comenzaron a comprar tierra, pero no para cultivarla, sino para disponer de mano de obra. Es decir, compraban el terreno con las personas que vivían dentro, para que trabajasen de mozos colonos en las fincas. Además, las leyes del Estado obligaban a estos mozos colonos a trabajar varios días al año construyendo caminos, que también beneficiaban a los finqueros para sacar su producción de café. Muchos indígenas preferían vivir libres, fuera de la finca, antes que pedir un aumento de salario. Además, si se negaban a trabajar para el patrón, éste podía pedir a las autoridades que enviase soldados para obligar a los mozos colonos indígenas a trabajar para el patrón. 

Cómo conseguir tierra para las grandes fincas de café. 

Las grandes fincas y latifundios se formaron según un procedimiento legal establecido así: una persona informaba en la Jefatura del distrito de que deseaba un terreno que aparentemente no tenía dueño, y del cual los indígenas no podían mostrar título de propiedad. Aunque las comunidades indígenas en teoría tenían iguales derechos para obtener las tierras, no podían conseguir títulos de propiedad por desconocimiento de las leyes o por no poder pagar los gastos de medición del terreno. Después el periódico anunciaba durante treinta días la fecha y hora de la subasta pública de ese terreno. Llegado el día, se vendía al mejor postor. 

Richard Sapper y Erwin Paul Dieseldorff, fueron los mayores exportadores de café. Según un censo hecho en 1897, los alemanes eran en Cobán 150 hombres más 31 mujeres y niños. Poseían entonces 3.528 caballerías de terreno en Alta Verapaz, y llegaron a controlar un tercio de las tierras en este departamento. 

El inicio de otras industrias 

A principios del siglo XX los alemanes iniciaron también el cultivo del cardamomo, en las fincas de Se'ritk'iche' y Ch'inasayub', y de té en la finca Chirrepek. 

Los alemanes gastaban muchos zapatos caminando por el campo, y se quejaban de que los zapatos en Guatemala eran muy pequeños para sus pies, y no encontraban buenos zapateros. Entonces decidieron traer de Alemania al zapatero Heinrich Schimer, que llegó a Cobán en 1893 con todas sus herramientas y material de cuero. Después llegó el curtidor Alfons Herring, quien puso una fábrica de cuero y zapatos en San Cristóbal, que tuvo gran éxito al aumentar el uso de zapatos entre los indígenas. Los alemanes también iniciaron una cervecería, una fábrica de textiles de algodón y aserraderos, pero no prosperaron. La cerveza era de mala calidad; Alta Verapaz no producía suficiente algodón, y los aserraderos, después de acabar con los bosques cercanos, no podían trasladar las máquinas por lo quebrado del terreno. Un aserradero instalado en el Polochic acabó cerrando porque era muy costoso transportar a Cobán la madera aserrada. 

En 1896, en los mejores años de venta de café, los alemanes iniciaron las construcción del ferrocarril Verapaz, que unía Panzós con Pancajché, y lo terminaron en 1898, cuando comenzaba la crisis de venta de café, lo que dificultó el pago de la deuda contraída por la construcción del ferrocarril. 

Balance final. 

Después de independizarse de España, los gobiernos de ideología liberal en Guatemala quisieron impulsar el desarrollo económico-social del país importando tecnología, ideas y capital extranjero, los cuales debían contribuir a erradicar la ignorancia y el atraso del pueblo, sobre todo de los indígenas. Los resultados prácticos fueron que los alemanes consiguieron tierra y mano de obra abundante y barata, y la población indígena se convirtió en objeto y no en sujeto del desarrollo. 

A este respecto, Monseñor Gerardo Flores afirma en su Carta Pastoral de 1985 que "el acto de injusticia consiste en que este territorio es entregado con sus bosques, sus fieras y sus «indios», sin tomar en cuenta el derecho de propiedad que éstos poseían, aunque como es natural, sus propiedades no estaban inscritas en el registro de la propiedad inmueble. Se dijo entonces que se trataba de baldíos, pero no es cierto. Estas tierras estaban habitadas por sus legítimos propietarios, cuyos derechos fueron totalmente ignorados. Es cierto que... los alemanes lograron formar un verdadero imperio cafetalero con sus medios de comunicación y vías de salida... hacia el Atlántico. Pero no es menos cierto que todos esos caminos... quedaron regados con la sangre, el sudor y el sufrimiento de los indígenas, que fueron en realidad los que hicieron posible la gran riqueza generada en aquella época y quienes menos se beneficiaron con ella". 

En 1944, durante la segunda guerra mundial, los Estados Unidos presionaron al gobierno de Guatemala para que expropiase y nacionalizase las empresas de los alemanes. Las fincas pasaron a propiedad estatal y su productividad decayó por la falta de visión, de experiencia, y por la corrupción de la administración. 

<--Ir atras